Mientras tomas mi mano
Trémula,
Fría,
Húmeda de tanto transpirar odio,
Me he vuelto brisa,
Lágrima y sonrisa;
Me he vuelto etérea,
Blanda y nube;
Me he vuelto brisa
Que huye
De ti.
Mientras tomas mi mano
Trémula,
Fría,
Húmeda de tanto transpirar odio,
Me he vuelto brisa,
Lágrima y sonrisa;
Me he vuelto etérea,
Blanda y nube;
Me he vuelto brisa
Que huye
De ti.
Se te escurren las noches
Se te va agotando la vida
Se te acaban las horas
Vas llorando los días
No hay nada peor que esos orgullos y prejuicios que acallan el paso de las páginas. Que van cortando las flores que nacen de tus labios. Que vuelven putrefactas la menta y la yerbabuena de tu hálito. No hay nada peor que esos orgullos y prejuicios que nos mantienen alejados y callados aun cuando estemos tomados de la mano.
Esta noche no escribo versos. No, ya no más versos…por hoy.
Por hoy, la prosa: dulce reina de la rima. Hermosa. Reina y esclava. Esclava de mis dedos, de mis labios, de mi alma. Fiel sierva cuya boca por mí habla. Emperatriz de las palabras. Palabras que acarician, palabras que abrazan, que besan y te atrapan.
Esta noche no escribo versos. Hoy no. Quizás mañana. Cuando me pierda en las constelaciones de tus ojos. Cuando se desborden gotas de felicidad por mi rostro. O quizás cuando llore…Cuando llore las heridas de las frases y oraciones que rasgan la carne y la desangran.
Esta noche no escribo versos. No, ya no más versos…por hoy. Solo por hoy. Quizás…